España saldó con un pequeño borrón su primer partido de preparación camino del Mundial de Rusia. Después de dominar con alardes a Suiza, equipo cumplidor de la segunda línea europea, concedió un remate en una cadena de errores defensivos más o menos previsibles.
Las ausencias fundamentales de Isco, Ramos, Carvajal, y, a última hora, de Busquets por gastroenteritis, justifican hasta cierto punto la falta de contundencia. Odriozola, con un gol muy vistoso, ocupó con bastante oficio la banda que el destino parece reservarle para el día del debut contra Portugal. El mejor de la cancha volvió a ser Iniesta.
Cada selección es un entramado de complicidades y España se aferró a sus socios más frecuentes para encauzar el juego. Cada tres veces que Thiago y Piqué, los iniciadores, oteaban el horizonte, dos eran para buscar a Iniesta.
A partir del manchego, la línea del juego conectó con Alba y Silva de manera espontánea. La sucesión de variaciones resultó suficiente para mantener a raya a Suiza, primero replegada y después ahogada en su campo. El primer tiro de la noche fue por esa vía en una acción más directa. Piqué abrió para Alba con un lance de 40 metros, el lateral combinó con Silva y el mediapunta sirvió el balón a Diego Costa, que la dejó pasar con un escorzo.
Koke recibió y disparó. Hubo un rechace y Thiago estuvo a punto de mandar el segundo remate a la red. La maniobra descubrió el poder de España para pelar la defensa rival, completamente expuesta ante los toques rápidos. También descubrió las dificultades de Costa para actuar cuando solo hay tiempo para dar un toque.









