Momento curioso: Kim invitó con total gentileza al líder surcoreano a pisar Corea del Norte

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Moon Jae In y Kim Jong Un hacen historia y acuerdan cooperar para alcanzar la «paz permanente».

La primera vez que Kim Jong Un visitó Panmunjom al poco de acceder al poder, en marzo de 2012, la televisión norcoreana recordó que esa era la «zona más caliente donde el sonido de los disparos se podía producir en cualquier instante debido a las provocaciones aventureras del enemigo».

Los medios oficiales incidieron en aquella ocasión en «la tensa atmósfera» que se registraba cuando el dirigente se encaramó en el balcón del principal edificio norcoreano ubicado en ese enclave, a metros de la línea divisoria, y en cómo Kim Jong Un rememoró «la victoria» de su país sobre «las fuerzas imperialistas lideradas por EEUU» y pidió que si se volvía a producir una nueva guerra el ejército local debía «obligar al enemigo a arrodillarse».

A seis años de aquella fecha, el mismo líder norcoreano regresó hoy al corazón de la Zona Desmilitarizada (DMZ) con una actitud muy distante del espíritu bélico que inspiró el periplo de 2012 y, tras entrevistarse con el presidente de Corea del Sur, Moon Jae In, ambos pactaron una simbólica declaración en la que prometían «que no habrá más guerra en la Península de Corea» y abrir «una nueva era de paz» en esa región.

El comunicado final de la histórica cumbre incluyó también un compromiso para reducir el arsenal bélico en la línea limítrofe de las dos naciones, conseguir una Península libre de armas atómicas «mediante la denuclearización completa», la suspensión de cualquier tipo de «hostilidades» y la búsqueda junto a China y EEUU de un tratado de paz definitiva que sustituya al armisticio que detuvo la guerra de Corea en 1953.

Los dos países acordaron reanudar asimismo los encuentros de familias separadas por el conflicto, el primero de los cuales se celebrará el próximo 15 de agosto, una visita de Moon Jae In a Pyongyang en octubre y reuniones entre comisiones militares de forma regular.

La historia común que están escribiendo los dos dirigentes comenzó a las 9:30 cuando Kim Jong Un se acercó la franja de cemento situada junto al conocido edificio azul que han usado durante décadas ambos lados para lidiar con su rivalidad militar -un lugar visitado de forma repetida por los turistas, que marca la línea que divide a los dos estados- y tras estrechar la mano de Moon Jae in con una amplia sonrisa atravesó ese simbólico confín que ha separado a las dos naciones desde 1953, entre los aplausos de los presentes, incluidos los periodistas.