El Real Madrid de mal ver ante el Al Jazira dio paso la versión de un campeón. La moneda cambió de signo y los blancos demostraron su verdadero nivel para llevarse su tercer título del Mundial de Clubes -el sexto contando la Copa Intercontinental- y redondear este 2017 con un histórico quinto título.
Apabullaron los blancos a su rival, el Gremio, muy inferior en lo técnico y, pese a no disponer de demasiado acierto, fueron dueños de un encuentro que decidió Cristiano Ronaldo con un afortunado lanzamiento de falta (1-0).
Cierto es que el Gremio brasileño exigió más esmero en las vigilancias defensivas a los blancos, aquello que en la previa Zidane describió como falta de equilibrio. El francés optó por no especular y alineó a su once de caballería, sin Bale todavía.
Pero con seriedad o sin ella, el Madrid volvió a fracasar durante muchos minutos ante la portería rival. En el segundo apareció Cristiano para poner cordura en un partido que gobernaron de cabo a rabo.
El Gremio demostró ser un equipo limitado en lo técnico y se echó atrás muy pronto ante el empuje de un Madrid ilusionado. Los blancos recuperaron su capacidad para dominar un encuentro sin apenas resquicios y solo concedieron un disparo lejano que se fue alto ante el despiste de Keylor Navas.
El resto del primer tiempo fue producción de la industria blanca, capaz de llegar con brillantez al área de Grohe, portero brasileño, y mostrar después una falta de pericia preocupante en los metros decisivos. De nuevo Benzema fue el más desatinado.
Tampoco Cristiano exhibió las cualidades goleadoras que le han permitido ser Balón de Oro esta temporada en ese primer tiempo.









