Bruno Mars es lo más cercano que esta generación tendrá de contar con su propio “Michael Jackson”. Más allá de que su voz tenga notorias similitudes con la del otrora Rey del Pop, Mars es el centro de atención de un espectáculo coreografiado con guion de principio a fin, un show entretenido, impactante y, de seguro, inolvidable.
Se le puede criticar mucho a la industria musical dedicada a hacer dinero de los artistas creando productos plásticos, pero Mars, imán para la mercadotecnia, no cabe ahí. Auténticamente es un gran artista y su espectáculo 24K Magic World Tour hace gala de ello.
En su repertorio se mantiene vivo el feeling afroamericano. Sus temas pasan por el R&B y el pop como si nada, le meten soulbeats, y de repente impacta con funk. Al final casi que da igual qué está tocando, pues el efecto es el mismo: impresiona con energía, con estallidos de emoción pura.
Gracias San Jose! 🇨🇷 #24kmagicworldtour pic.twitter.com/Yx8dvqbdHD
— 24k Magic World Tour (@24kmagic_tour) December 8, 2017
Para eso son sus canciones, son contagiosas de la coronilla a los hombros, la cadera y los pies. El efecto deseado se logra de manera inevitable.









