Un guardia de una prisión del Condado de Parker, en Texas, hubiese muerto si no llega a ser por la actuación de los reclusos.

Cuando el vigilante cayó desplomado al suelo (aparentemente, a causa de un ataque al corazón), no dudaron un instante.

Gritaron, pero nadie parecía escucharles, así que abrieron la reja, salieron de su celda e hicieron todo el ruido posible con la esperanza de llamar la atención de otros guardias.