Julio 2026. Las aguas del Pacífico Sur costarricense se preparan para uno de los espectáculos naturales más esperados del año: el avistamiento de ballenas y delfines. Cada temporada, miles de visitantes nacionales e internacionales llegan a la región para presenciar el recorrido de estos gigantes marinos que eligen Costa Rica como lugar para reproducirse y criar a sus crías en aguas cálidas y seguras. Este interés ocurre en un contexto favorable para el turismo nacional: durante el primer trimestre de 2026, Costa Rica registró el mejor inicio de año en llegadas internacionales de su historia, consolidando el crecimiento del turismo de naturaleza y experiencias sostenibles.
Costa Rica es reconocida internacionalmente por ofrecer una de las temporadas de avistamiento de ballenas jorobadas más extensas del mundo. Gracias a su ubicación geográfica, el país recibe dos poblaciones migratorias provenientes de polos opuestos: entre julio y noviembre llegan las ballenas del hemisferio sur, mientras que entre diciembre y marzo arriban las del hemisferio norte. Este fenómeno convierte al país en uno de los pocos lugares del planeta donde ambas poblaciones coinciden en un mismo territorio a lo largo del año para reproducirse y criar a sus ballenatos, fortaleciendo el posicionamiento de Costa Rica como referente mundial del turismo marino responsable.
Uno de los escenarios más privilegiados para observar este fenómeno es el Golfo Dulce, reconocido en 2023 como la primera Whale Heritage Area (Área Patrimonio de Ballenas) de América Latina, una distinción internacional que reconoce a los destinos que promueven la conservación de cetáceos y el desarrollo de un turismo responsable. Además de su importancia ecológica, el Golfo Dulce posee una superficie aproximada de 750 kilómetros cuadrados y es considerado uno de los cuatro fiordos tropicales del mundo, características que crean condiciones ideales para la reproducción y crianza de ballenas jorobadas.
La riqueza biológica del área respalda este reconocimiento. En aguas costarricenses se han registrado 34 especies de cetáceos, mientras que en el Golfo Dulce es posible observar de forma regular siete especies, entre ellas la ballena jorobada, el delfín nariz de botella, el delfín manchado tropical, la falsa orca y, de manera ocasional, orcas y ballenas de Bryde. Asimismo, el golfo alberga una de las poblaciones residentes de delfín nariz de botella más importantes del Pacífico Tropical Oriental, lo que convierte a la región en un laboratorio natural para la investigación científica, la educación ambiental y la conservación marina.
El avistamiento de ballenas ha evolucionado en los últimos años, pasando de ser una práctica aislada a consolidarse como un pilar del turismo sostenible. Cámaras empresariales, operadores autorizados y comunidades locales han unido esfuerzos para profesionalizar la actividad mediante capacitaciones, protocolos estrictos y campañas de sensibilización. Costa Rica cuenta además con una de las regulaciones más robustas de la región para la observación de cetáceos. Según el Reglamento para la Observación de Cetáceos (Decreto Ejecutivo N.° 32495), las embarcaciones deben mantener una distancia mínima de 100 metros de las ballenas y 50 metros de los delfines, limitar la observación a un máximo de 30 minutos y permitir únicamente dos embarcaciones simultáneamente alrededor de cada grupo de animales, medidas orientadas a minimizar el impacto sobre las especies.
“Queremos que cada experiencia de observación sea un espacio para aprender, generar conciencia y demostrar que el turismo puede coexistir con la conservación. Esa es la esencia del modelo que promovemos en el Golfo Dulce”, señaló Ana González, gerente general de Marina Bahía Golfito.
Más allá de ser un atractivo natural, el avistamiento de cetáceos dinamiza una amplia cadena de valor para el Pacífico Sur. Operadores turísticos, hoteles, restaurantes, marinas, transportistas, comercios locales y guías certificados encuentran en esta temporada una importante fuente de ingresos y empleo. Esta actividad fortalece la economía de Golfito, Osa y comunidades vecinas, al tiempo que diversifica la oferta turística nacional y contribuye a desconcentrar la visitación de destinos tradicionalmente más saturados. Su impacto está alineado con las tendencias globales del turismo regenerativo y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, al promover actividades de bajo impacto ambiental y alto valor social.
Desde Marina Bahía Golfito, los visitantes también pueden acceder a experiencias complementarias como navegación por el Golfo Dulce, pesca deportiva, recorridos en kayak, observación de aves, visitas al Parque Nacional Piedras Blancas y conexiones hacia la Península de Osa y el Parque Nacional Corcovado, fortaleciendo una oferta turística basada en la biodiversidad, la conservación y el desarrollo sostenible.
El Golfo Dulce se consolida así como un laboratorio vivo donde convergen ciencia, turismo y conservación. Su reconocimiento internacional, la riqueza de su biodiversidad y el crecimiento sostenido del turismo de naturaleza demuestran que Costa Rica no solo ofrece uno de los espectáculos naturales más extraordinarios del planeta, sino también un modelo de desarrollo que convierte la protección de los ecosistemas marinos en una oportunidad para generar bienestar, conocimiento y desarrollo para las comunidades.
Sobre Marina Bahía Golfito Marina Bahía Golfito es un exclusivo complejo situado en Golfo Dulce, Costa Rica. Este lugar cuenta con una moderna marina de 54 espacios para megayates, yates y lanchas de pesca, complementado por un hotel, restaurante y una plaza comercial. Se encuentra en una de las zonas más biodiversas del planeta, rodeado por los emblemáticos Parques Nacionales Corcovado y Piedras Blancas, con vistas directas al majestuoso Golfo Dulce. La marina tiene como objetivo principal ser un centro dedicado a la conservación marina, impulsando diversas iniciativas de preservación del medio ambiente marino.





