La Historia de Keylor Navas por ESPN

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Keylor guarda ese partido como si se tratara del primer capítulo en la película de su vida. Lo atesora como se atesoran los intangibles, esos momentos sublimes y no cuantificables que, al cabo, le dan sentido a la vida. Él jamás olvidará esa tarde en la que Freddy Navas, su papá, lo llevó a ver ese partido informal entre niños como él, aunque más grandes, que lo iluminó para siempre.

No recuerda con precisión qué ocurrió antes ni tampoco sabe qué hizo después, pero de ese día fundacional recuerda una atajada, la mejor o tal vez la única a la que le había prestado atención hasta ese momento. El arquero, que en ese momento le pareció un superhéroe, era apenas uno más a sus 12 años, distantes e impresionantes para los 5 benjamines del jovencito llamado Keylor. Quería ser como él.

Algo lo deslumbró, como ocurre con esas cosas que marcan un destino de vida. Un destino con sus rotondas y desvíos, claro está. Porque a pesar de destacarse en el arco, Keylor jugaba un tiempo debajo de los tres palos y otro como delantero, puesto que disfrutaba más que el de guardameta. «En lo serio, al arco. Para disfrutar, adelante», diría.

Su carrera junto a la pelota comenzó en la Escuela de Fútbol Pedregoso (Adefip), en Pérez Zeledón, su pueblo natal. Y continuó en el Deportivo Saprissa, al que pasó a los 16 años, por apenas 2.000 dólares. Allí emergió en la primera y ganó todo: los campeonatos 2005-2006, 2006-2007, el de Invierno 2007, el de Verano 2008, el de Invierno 2008 y el de Verano 2010, además de una Copa de Campeones de la Concacaf, en el 2005.

En el 2010 cumplió ese sueño que se había prupuesto desde que arrancó en el Saprissa: Keylor Navas ficharía por el Albacete de España. En el camino, su pase se iba a trabar por pedido de los dirigentes de su club de Costa Rica. Pero el de San Isidro pelearía hasta el final para lograr la salida. Su camino, sin embargo, no sería de rosas, ya que en su primera temporada iba a pelear el descenso hasta perderlo y, mientras el Albacete marchaba hacia la tercera categoría, Keylor era adquirido por el Levante, para jugar en Primera División. Desde allí, la historia conocida: mejor arquero de la Liga, gran Mundial de Brasil 2014 y el sueño de todos los sueños, el Real Madrid.

El arquerazo

Se va. Ya está. ¿Para qué protestar si al menos jugará en el Manchester United, que es un equipo gigante? No, pero el sueño era el Madrid. No importa, si no puede hacer nada por eso. Todos los canales dicen que David de Gea es la nueva estrella de la Casa Blanca y que él, Keylor Navas, recalará en Inglaterra, donde vaya uno a saber si será titular. Los diarios se imprimen con su cara y un escudo rojo. Preparan camisetas con su nombre. Todo está listo, pero no. Los papeles no llegan. Se habla del papelón del año. De Gea sigue en Manchester y Keylor en Madrid. El arquero costarricense la mira a Andrea, su novia. No puede creer que su ilusión se sostenga en el tiempo. Continuará vestido de blanco. De golpe una ola de calor lo invade y no puede contenerse. Keylor Navas llora como lloraban los nenes más débiles de los campitos del barrio San Isidro. Llora de emoción. Llora de alegría. Llora como nunca antes ha llorado.

«Estuve en el aeropuerto en una sala privada esperando a que me dijeran lo que tenía que hacer. Es un momento en el que cada cinco minutos la cosa era diferente: que me vaya para el aeropuerto, que no me vaya. No había nada claro. No me quedé tranquilo hasta que las cosas estaban claras», contaría luego sobre aquella noche de las mil incertidumbres y las lágrimas eternas. Los recuerdos de esas entrevistas que se hacía a sí mismo cuando era pequeño, en las que se aseguraba que iba a jugar en el Real Madrid, volvieron a su cabeza como vuelven las grandes certezas. A partir de allí, fue sólo cuestión de ponerse los guantes y seguir. Como toda la vida.

Keylor Navas, ese que se fue entre dudas a pelear el descenso a la tercera de España, ese que convivió en un aeropuerto con los peores fantasmas del fútbol, ese hombre es el mismo que vuelve hoy, 21 de marzo del 2016, para jugar el duelo de eliminatorias, ante Jamaica. Lo recibe un aeropuerto plagado de gente, que sólo quiere verlo de cerca y quiere saber si ese volador de guantes que ven jugar al lado de Cristiano Ronaldo es real.

Quieren saber si los superhéroes existen. Keylor, mientras tanto, se parará debajo de los tres palos una vez más. El grupo A de la Copa Centenario de los Estados Unidos, que Costa Rica compartirá con el local, Paraguay y Colombia, es el próximo sueño en su lista. Y ya se sabe que Navas es un hombre de cumplir.